Jueves, 09 Julio 2020

A una semana de haber iniciado sus actividades, la Feria Internacional del Libro de Lima busca consolidarse nuevamente como la principal actividad cultural del año. Así, dada su amplia importancia para el sector editorial peruano, vale la pena señalar algunos puntos sobre su relevancia en el ámbito económico y cultural del país.

 

El pasado 19 de julio, la Feria Internacional del Libro de Lima (FIL) inició sus actividades en el Parque de los Próceres de la Independencia ubicado en Jesús María. Este evento cultural, organizado por la Cámara Peruana del Libro (CPL) desde 1995, se ha ido consolidado como el más grande e importante del Perú. Así, es el principal evento del sector editorial peruano, el cual ha tenido una evolución favorable en los últimos años. Tal como indica Germán Coronado, ex director de la CPL, del 2003 al 2014, “la industria creció más de 300%, inyectó más de US$2.000 millones a la economía peruana y pasó a generar más de 25.000 empleos formales”. Por ende, se espera que dichas cifras hayan continuado elevándose con el años.

Ahora, la FIL ha contribuido a que esta evolución de la industria editorial se haya desarrollado positivamente.  Por ejemplo, el número de visitantes el año pasado fue de 565,000 personas, un 3% superior a la cifra del año 2017. Así mismo, las ventas para el año anterior fueron de 19 millones de soles, cifra que implica un incremento del 8% en relación al 2017. Para el presente año, la estimación en cuanto al número de asistentes es de 590,000, mientras que para las ventas es de más de 20 millones de soles, lo cual representa crecimientos aproximados de 4.4% y 10% respectivamente. Estos nuevos récords responden, según indica José Carlos Alvariño, actual director de la CPL, a que el recinto ferial tendrá 1.500 metros cuadrados adicionales y una serie de novedosos lanzamientos editoriales. Sin embargo, un punto central recalcado por Alvariño es que los ingresos crecen a un ritmo mayor que la asistencia, lo cual significa que hay un mayor gasto por parte de los consumidores. "Las personas, ahora, vienen con más dinero para gastar en la feria. Incluso, hay gente que hace su única compra del año en esta [feria] porque sabe que hay mejores precios", señaló.

Si bien es cierto que los datos anteriores acerca del volumen y valor de las ventas son los más resaltados en este tipo de eventos, estos no son los únicos indicadores que demuestran la importancia de las ferias de libros. Tal como indica, Dante Antonioli, en su estudio sobre el sector editorial peruano, las ferias internacionales de libros que se realizan en cada país son una inversión a futuro. El éxito, en este caso, no se obtiene solamente cuando se ha vendido la mayor cantidad de muestras llevadas, sino que también “se determina por el número de objetivos cumplidos, por la cantidad de contactos realizados y de pedidos a futuro; por cuántos clientes permanentes podemos consolidar”. De esta manera, la participación recíproca entre países en las distintas ferias organizadas genera un impacto positivo a largo plazo para sus respectivas industrias editoriales. Así, el sector editorial peruano, no ajeno a ello, se fortalece al abrir sus puertas, ya sea para recibir a los que desean participar de su principal actividad ferial, como para ser partícipe él mismo en otros eventos similares fuera del país.

Ahora bien, el espacio ferial abarca mucho más que la venta y compra de libros. La FIL Lima, como cualquiera otra, también es una ventana de oportunidades para distintas editoriales que, por su tamaño o independencia, no llegan a ser plenamente visibilizadas. Del mismo modo, el evento ofrece un conjunto de Jornadas Profesionales, donde escritores, editores, libreros, agentes literarios, distribuidores y otros profesionales relacionados a la industria editorial, encuentran espacios de discusión y aprendizaje, así como un clima favorable para los negocios. Asimismo, presenta diversos programas artísticos y culturales destinados al público en general. Entre ellas están las presentaciones de libros, mesas redondas, recitales poéticos, teatro, ciclos de cine y actos musicales. Todo lo anterior impulsa a que la participación en la FIL Lima sea diversa y explore otros componentes, más allá de las transacciones comerciales, del ámbito editorial peruano. De esta manera, la FIL Lima contribuye a la generación de nuevos hábitos de consumo en base a los productos editoriales, sobre todo en relación al libro, lo cual, a la larga, desarrollaría otros hábitos con respecto a la lectura y la escritura.

Por último, se pueden esbozar algunas críticas y recomendaciones en relación a la FIL Lima. En primer lugar, la participación del Estado es necesaria para que este evento tenga garantía de ser perpetuado y pueda mejorar en múltiples aspectos. Actualmente, la FIL no recibe subvenciones de ninguna entidad estatal, por lo que los ingresos para su financiación provienen enteramente de los alquileres de los estands, de la boletería de ingreso y de patrocinios privados. En segundo lugar, ya con ayuda estatal, la FIL podría tener pares nacionales en otras ciudades del país para que se consiga una descentralización que permita expandir los beneficios que las ferias de este tipo otorgan para los consumidores, a la vez que también se fomente la creación de nuevas tendencias de consumo en otras partes del país. En tercer lugar, para democratizar aún más el acceso a los libros y garantizar el hábito de la lectura, la FIL Lima debería contemplar la posibilidad de que se permita el ingreso libre o, en su defecto, la reducción de los pecios de entrada al recinto. Del mismo modo, para conseguir la meta de la bibliodiversidad, pequeñas editoriales independientes también podrían figurar en el espacio de la FIL si es que se logra reducir los costos de los estands y ampliar la extensión de la feria (o reubicarla) para aguardarlas. Por último, sería muy conveniente que se promueva el diálogo e intercambio permanente entre las ferias de Iberoamérica, donde la FIL Lima ostenta un papel importante dado su puesto como una de las más grandes a nivel de asistencia. Con ello, se buscaría propiciar la consolidación de una red que se convierta en un espacio de intercambio permanente entre los organizadores de las ferias iberoamericanas para fomentar la cooperación, la producción y puesta en circulación de información especializada, el intercambio de buenas prácticas de gestión y de financiación, así como también de estrategias para la creación de audiencias.

En conclusión, la FIL Lima ostenta muchos aspectos en los cuales se ve que es un evento importante, no solo desde un punto de vista económico para el sector editorial del país, sino que es crucial para el desarrollo cultural en materia de lectura y escritura. La mejora de sus deficiencias, respaldado por el Estado, implicaría no solo un aumento de tales beneficios en el corto plazo, sino que sería un garante, en el largo plazo, de su continuidad. Tal como indica el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe, en un informe sobre las ferias de libros, se preservaría, mejoraría y consolidaría aquel papel fundamental que las ferias del libro tiene en la democratización del acceso al libro y de la promoción de la lectura; en la creación de nuevos públicos, y en propiciar la confluencia de los distintos actores que conforman la cadena de valor del libro en un mismo espacio y durante un periodo de tiempo determinado.

 

Fuentes

Informes - FIL Lima (1)

El Comercio (2) (3)

Informe de CERLALC (4)

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