Jueves, 05 Diciembre 2019

Ha pasado más de un mes desde que Esther Duflo, Abhijit Banerjee y Michael Kremer ganaron el Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en Memoria de Alfred Nobel, conocido popularmente como el “Nobel de Economía”. El trabajo de estos tres economistas fue reconocido por su enfoque experimental para erradicar la pobreza mundial, debido a que hacen uso de pruebas controladas aleatorizadas (RCTs, por sus siglas en inglés) para responder a cuestiones concretas ligadas al desarrollo económico. Sin embargo, la metodología planteada no está libre de críticas, por lo que a continuación se presenta una recopilación de textos que discuten esta aproximación experimental para combatir la pobreza.

Para empezar, Farwa Sial y Carolina Alves, en base a una serie de estudios que analizaron el impacto que una “actitud positiva” puede tener en la reducción de la pobreza, cuestionan la metodología de las RCTs empleada. En efecto, señalan que el empleo de RCTs, en tanto es una técnica que mide el efecto de un proyecto o intervención determinada en la eliminación de la pobreza, deja de lado sus causas estructurales. Las autoras entienden que la radicación de este mal es un tema altamente complejo que pasa por el reforzamiento de las instituciones, el estado de la gobernanza, la estructura y dinámicas de los mercados, el funcionamiento de las clases sociales, las políticas macroeconómicas, la distribución, la integración internacional y otros puntos críticos que no pueden ser “controlados”, lo que viola un principio básico de las RCTs. En consecuencia, esta aproximación individualiza el problema de la pobreza al fallar en conocer, contextualizar, resaltar y analizar las estructuras, instituciones y actores que en realidad causan y mantienen a la población en calidad de pobre.

Si es que uno obvia las bases estructurales que generan pobreza, uno podría cometer el error de subestimar la capacidad de agencia de los individuos más desfavorecidos. Puede parecer que no estén haciendo mucho para obtener una mejor calidad de vida, cuando en realidad existen raíces muy profundas que obstaculizan el esfuerzo diario con el que se enfrentan a la pobreza. Ahora, el enfoque que se le debe otorgar a la capacidad de agencia en el trabajo de erradicar la pobreza no es algo nuevo (véase el artículo que escribió Amartya Sen en 1993 sobre este tema y su implicancia en la focalización de políticas). Sin embargo, tal como señala Naila Kabeer, la falta de atención alrededor de la agencia de los seres humanos es una de las limitaciones clave de las RCTs. Ello se debe a que esta capacidad tiene un papel central en el cumplimiento o no de los objetivos de cada una de las etapas de cualquier proyecto que se estudia. Kabeer termina indicando que es poco probable alcanzar el reconocimiento de la capacidad de agencia que se necesita limitándose únicamente a métodos cuantitativos.

Por otra parte, desde un punto de vista ético, Martin Ravallion, al igual que Grieve Chelwa y Seán Muller, manifiestan algunos conflictos que nacen a partir de las RCTs. Para Chelwa y Muller, las intervenciones hechas por los randomistas, aquellos que conducen las RCTs, han llegado a ser muy invasivas. Del mismo modo, mencionan la preocupación que gira alrededor de la naturaleza extractiva de los estudios que emplean las RCTs. Utilizan tal calificativo debido a que las intervenciones realizadas por los randomistas generan cambios, en la cotidianeidad del lugar donde se realizan los experimentos, que normalmente son afrontados solo por las personas nativas. Asimismo, los investigadores tienden a ser los únicos que se benefician de los resultados de los proyectos en su calidad de estudios académicos, cuando en realidad los randomistas dependen, no trivialmente, de la ayuda local y del esfuerzo emocional de las personas evaluadas. En esa línea, Ravallion señala dos peligros que surgen al no seguir seriamente una línea ética en estas investigaciones. Primero, las evaluaciones moralmente inaceptables pueden terminar siendo realizadas, y posiblemente más a menudo en lugares pobres con poblaciones vulnerables e instituciones débiles para proteger sus derechos. En segundo lugar, las evaluaciones socialmente valiosas pueden bloquearse como demasiado arriesgadas políticamente, en gran parte por ignorar los beneficios que se obtienen de las intervenciones.

Finalmente, otro punto de crítica recae en las limitaciones de las RCTs como método, ámbito en el cual llegó a ser calificado como el enfoque más confiable y prestigioso en su tipo. Tal como menciona Sara Stevano, las críticas señalan otros métodos que permiten el mismo tipo de inferencia y exponen las trampas de medir el efecto promedio del tratamiento aplicado. Del mismo modo, también se ha argumentado que otros métodos son necesarios para entender “por qué algo funciona o no”, en adición a la respuesta que nos da las RCTs en torno a la pregunta de “qué es lo que funciona”. En esa misma línea, Nancy Cartwright concluye que, en general, la elección del mejor método para extraer inferencias causales acerca de una población objetivo depende caso por caso del conocimiento previo que tengamos o que podamos tener. Sin embargo, la crítica general es el nivel de inferencia que se puede obtener de esta metodología: ¿los resultados pueden ser extrapolados a otros contextos o se quedan confinados alrededor de los límites geográficos en donde se realizaron los experimentos?

 

Este artículo sigue el balance de textos críticos elaborado por la profesora Ingrid H. Kvangraven de la Universidad de York. Si deseas ver más al respecto, haz click en el siguiente enlace.
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