Sábado, 17 Noviembre 2018

Una inundación humana de refugiados ha caído sobre Europa. Probando su cohesión como bloque político-económico. Esta crisis ha expuesto serias divisiones entre los 28 miembros de la Unión Europea frente al compromiso del libre tránsito de personas por el miedo latente a que se convierta en un flujo sin fin de personas en busca de asilo escapando de conflictos y pobreza en África y el Medio Oriente.Al mismo tiempo, se discute una respuesta que pondere obligaciones morales con un sentimiento anti-migrante.

 

La mayor ola de desplazados sobre Europa desde la segunda guerra mundial ha sido el artífice de escenas de familias desesperadas huyendo de campos espinados y niños ahogados en sus costas. Organismos de socorro se han instalado en las costas de Grecia, Italia, así como en la frontera de Grecia y Macedonia para lidiar con el creciente numero de migrantes que buscan llegar a Europa Central. Algunos recurriendo a métodos extremos para completar la travesía.

Muchos Sirios asilados en Turquía, actualmente el país con el mayor número de refugiados en el mundo, ya han renunciado a la posibilidad de regresar a su país de origen luego de 4 años de guerra civil. Hay cada vez más iraquíes y afganos que huyen de la violencia de sus países en busca de mejoras en sus condiciones de vida. Otros vienen desde África a Italia por la caótica Libia, donde más de 2000 personas mueren haciendo el viaje. Todos ellos buscan integrarse en la comunidad europea de alguna u otra manera.

Por su parte, Alemania y otros países están temporalmente reintroduciendo controles fronterizos selectivos para hacerle frente a la inundación de gente. Mientras otros países construyen vallas que aseguren el largo mortecino perímetro europeo. Bajo los acuerdos de la Convención de Dublin, los refugiados deben necesariamente solicitar asilo en la primera nación en la que entran; sin embargo, muchos migrantes no desean quedarse en Grecia. La razón es que se halla sumida en su propia crisis financiera. Por lo que presionan hacia la Europa Occidental, más precisamente Alemania.

Bajo la objeción de algunos miembros, el bloque ha aceptado redistribuir 160,000 refugiados a través de un sistema de cuotas. Entre los argumentos planteados en contra de esta medida, se hallan una gran parte de los países pertenecientes a Europa del Este. Argumentan que incremento de gente en el contexto de recuperación fiscal en la región no hará sino, retrasar los esfuerzos de los ejecutivos para la mejora en sus condiciones económicas; ya que el incremento de población devendrá en mayores tasas de desempleo, siendo perjudicial para su población nativa.  

Algunos líderes, como el Primer Ministro Viktor Orban, está usando la crisis para formar un apoyo nacionalista en su país. Ellos alimentan las preocupaciones de que los refugiados, muchos de los cuales son musulmanes, podrían traer crimen y terrorismo a sus naciones. Orban se queja de que la Unión Europea se convertido en una asociación "muy atada a ideologías" basadas en derechos humanos y multiculturalismo. El Frente Nacional, una agrupación francesa anti-migrantes, desea recortar la zona Schengen. Naciones Bálticas e oponen bajo el argumento de los costos que implican aceptar refugiados, mientras que Eslovaquia dijo en un momento que solo aceptaría Cristianos. Angela Merkel, canciller de Alemania, está liderando los esfuerzos para una mayor supervisión y un reparto de la "carga". Ella es apoyada por Francia, Austria, Suecia, Grecia e Italia.

Por lo pronto, los conflictos y problemas en áfrica y el Medio Oriente no parecen sino empeorar en el corto plazo por lo que se espera que el flujo de personas se mantenga. Las decisiones a ser tomadas por los países miembro de la UE aún han de ser debatidas. Entretanto el tráfico de personas y los problemas de mafias especializadas en migraciones ilegales no hacen si no agudizarse. 

 

Fuentes:

CNN, CBSNews, Bloomberg

comments