Martes, 12 Noviembre 2019

 

En los últimos años, el papel de la mujer como un factor importante del desarrollo de la economía de un país se ha ido visibilizando gracias a diferentes profesionales. La economía feminista[1], por ejemplo, recuperó el “debate del trabajo doméstico”, el cual, en la actualidad, cuenta con mayor interés por parte de diferentes organizaciones.  Sin embargo, los estudios que abordan la problemática del rol de género sobre el papel de la mujer en la economía rural del Perú son escasos y de baja confiabilidad. El nivel de importancia de producir este tipo de investigaciones radica en que la mujer del Perú rural realiza actividades dedicadas sustancialmente al sector agrario, el cual es considerado motor clave para impulsar la economía peruana. 

La agricultura es una de las actividades económicas más antiguas del Perú y es natural relacionarla cuando se habla del sector rural. Esto se debe a que, precisamente, según algunas investigaciones, son las personas en condición de pobreza rural quienes dependen en gran medida de las actividades que se derivan dentro del sector agrario (Hasan, 2001). Es decir, la agricultura no solo está relacionada directamente con el sector rural, sino lo hace de manera indirecta también con un mal que afecta a muchos sectores del país: la pobreza. Esta, según Ballara (2005), vulnera incluso más a la población femenina. Por otro lado, según el Ministerio de Agricultura y Riego (2018), en el Perú, el sector agrícola ha sido y seguirá siendo un impulsor fuerte de la economía peruana. Esta afirmación consolida la necesidad de resolver la dicotomía que se presenta: si bien el sector agrario constituye una cifra considerable en el PBI peruano, también es el sector en el que la pobreza rural está más acentuada. Dicho de otra manera, el desarrollo del sector agrario no solo causaría efecto en el progreso de la economía en general, sino también reduciría la pobreza rural disminuyendo de este modo las brechas entre las condiciones sociales en el Perú. Para ello, visibilizar, apreciar y apoyar el papel de la mujer rural es el primer paso. 

Aunque el avance con respecto a la visibilización de la mujer como factor clave para el desarrollo de la economía ha sido notable y admirable durante los últimos años, no fue en la misma proporción para todas. Las mujeres rurales son quienes menos ventajas han obtenido durante el proceso de capitalismo. Según Velazco (1995), en la costa norte, el capitalismo en el sector agrario relegó a la mujer rural al papel de reproductora y ama de casa, y en el sur andino, su condición como productora agraria se reafirmó. En ese mismo sentido, son las mujeres de la costa rural quienes han podido superar en mayor medida las circunstancias que limita a la mujer rural. Pues la Agencia Peruana de Noticias (2016) señala que, entre el 2004 y 2014, el empleo de la mujer costeña rural se multiplicó por seis y sus ingresos en el sector agrario formal creció de 498 a 808 soles. Sin embargo, la brecha de ingresos entre la costa y el resto del país, y entre ambos sexos sigue siendo sumamente grande. Además, cabe indicar que la fuerza laboral femenina rural ha sido un factor clave que participó en la reducción de la pobreza. En el 2006, siete de cada diez trabajadores eran pobres. Esto se redujo a tres de cada diez.

Hay que considerar que las cifras presentadas aluden al sector agrario formal y que, cuando se refieren a empleo, se considera como trabajo aquel que es asalariado -conceptualización establecida durante la época industrial (Carrasco, 2001). Esta definición no considera que las formas de producción son variables y dinámicas. Es decir, actividades que son realizadas por los mismos miembros de un hogar para satisfacer sus propias necesidades pierden la condición de trabajo y son invisibilizadas dentro de los estudios económicos. Es por ello que, en las zonas rurales, el trabajo de la mujer no es valorado. Incluso ellas mismas se perciben como desempleadas (Asensio y Trivelli, 2014). Esto se debe a que las instituciones que los individuos han creado normalizan que el “trabajo”[2] doméstico y agrícola son tareas establecidas para el sexo femenino. La labor de la mujer rural es subestimado incluso cuando se realizan encuestas para ciertos estudios, pues no consideran la lista de actividades que, por ejemplo, presenta Velazco (1995),  las cuales consisten en tareas domésticas propiamente dichas como las labores de la cocina y la crianza de los hijos, la producción de cultivos necesarios para la alimentación de la familia, participación en el trabajo del marido, en los cultivos comerciales, en la época de cosecha (arroz, café, cacao, etc), comercialización en los mercados de sus pueblos o los de sus vecinos, realización de pequeñas producciones artesanales y trabajo asalariado como obrera agrícola. Como se puede inferir, las “tareas domésticas” que realiza la mujer del Perú rural son, en realidad, actividades que están involucradas directa e indirectamente en el desarrollo del sector agrario y que no son consideradas por muchas investigaciones. 

A partir de lo mencionado, es inevitable notar la importancia del papel de la mujer rural en la economía peruana, puesto que las tareas que realiza a partir de su condición son dedicadas al sector agrario, el cual se ha demostrado ser un motor de la economía peruana. Aunque la participación de la mujer del Perú rural en el sector agrario formal ha crecido, su labor dentro del campo económico sigue siendo desapercibido y su aporte subestimado. La escasa bibliografía respecto al tema y la invisibilidad de las mujeres en las políticas agrarias son prueba de ello. 

 

BIBLIOGRAFÍA

Asensio, R. y Trivelli, C. (2014). La revolución silenciosa. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

Andina (2016, setiembre 16). Empleo femenino se sextuplicó en sector agrícola moderno: Agap. Recuperado de https://andina.pe/agencia/noticia-agap-empleo-femenino-se-sextuplico-sector-agricola-moderno-575357.aspx

Ballara, M. (2005). La situación de la mujer rural en el Perú. Chile: Red Internacional del Libro. Recuperado de http://www.fao.org/3/a-ai015s.pdf

Hasan, M. (2001). La pobreza rural en los países de desarrollo. Fondo Monetario Internacional. Recuperado de https://www.imf.org/external/pubs/ft/issues/issues26/esl/issue26s.pdf

Ministerio de Agricultura y Riego (2018). Sector Agrícola seguirá impulsando la economía peruana. Recuperado el 12 de setiembre 2019 de http://minagri.gob.pe/portal/publicaciones-y-prensa/noticias-2018/21075-sector-agricultura-seguira-impulsando-la-economia-peruana

Rodriguez, C. (2015). Economía feminista y economía del cuidado. Aportes conceptuales para el estudio de la desigualdad. Nueva Sociedad, Nuso N°256.  Recuperado de https://nuso.org/articulo/economia-feminista-y-economia-del-cuidado-aportes-conceptuales-para-el-estudio-de-la desigualdad/?fbclid=IwAR0LBdSupPTSh_rja_ur6AARDPhkS5sTaBVhn_nt7oTPNFgasRGYJzKpKKE#footnote-4

Velazo, J. (1995). Mujer y economía rural en el Perú: ¿Qué es lo que sabemos?

 



[1] “Argumentó sobre la necesidad de visibilizar el rol del trabajo doméstico no remunerado en el proceso de acumulación capitalista, y las implicancias en términos de explotación de las mujeres, tanto por arte de los capitalistas como de los maridos” (Rodriguez, 2015).

[2] Se coloca entre comillas porque el concepto presentado como trabajo no admite las tareas domésticas en tal categoría. 

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