Martes, 12 Noviembre 2019

 

El pasado 17 de septiembre, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la Oficina de coordinación de desarrollo de las Naciones Unidas (UNDCO) alertaron que la tasa de desempleo actual en los países de América Latina y el Caribe es de 8% con cierta tendencia al alza, siendo esta la más alta tras la última crisis financiera (La República, 2019). Ello representa un riesgo si se trata de afianzar los indicadores necesarios para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030.

Considerando lo dicho, en la medida que se habla del empleo como una variable determinante en el bienestar de las familias y, por tanto, en el desarrollo sostenible, surge la inquietud de entender cómo es que la noción de “flexibilidad laboral”, opuesta a la de empleo estable, ha logrado posicionarse como relevante en ciertos contextos productivos. Esto se da a tal punto de que las empresas entienden que es necesario flexibilizar las relaciones laborales con el fin de consolidar la competitividad internacional y, con ello, aportar al desarrollo económico del país.

Tras la dicotomía presentada, es indispensable reconocer que existen ventajas valederas que recaen sobre la noción de “flexibilidad laboral”; por ejemplo, el que los empleados puedan gestionar eficazmente su tiempo de ocio y de trabajo. Sin embargo, las desventajas detrás de este concepto son notoriamente más nocivas, considerando que las empresas, desafiando la legislación laboral, son las que tienen la facultad de calcular y ajustar la cantidad de mano de obra necesaria o de reducir las protecciones ofrecidas a los trabajadores. De esta manera, son capaces de aumentar la inseguridad laboral y profundizar la precarización del trabajo.

A raíz de ello, es apropiado reflexionar por qué la noción de flexibilidad laboral no es del todo rechazada. Aparentemente, esta duda es resuelta concibiendo que, de alguna manera, hay una suerte de “autocompromiso implícito” que la gente asume, desde el cual cada uno se siente responsable de su suerte laboral. Por todo ello, entienden que es su tarea el saber cómo adaptarse y reinventarse, adquiriendo una serie de actitudes y aptitudes que faciliten la obtención o conservación de un trabajo. Es decir, impera la idea de que todo individuo es responsable de su “empleabilidad”.

Las formas de evolución de las ideas son relevantes si se trata de entender un fenómeno, pues representan la manera en la que estas se posicionan y alcanzan la hegemonía. A continuación, se realizará una breve revisión de literatura con el fin de poder desentrañar el origen del “compromiso implícito” que cada trabajador asume en su búsqueda por alcanzar la tan deseada estabilidad laboral.   

En Seguridad, territorio y población[1], Michael Foucault desarrolla cómo la “razón gubernamental” permitió consolidar los mecanismos de poder y seguridad desde los cuales inicialmente se logró conservar la integridad del Estado. Junto con ello, surge la Estadística como un mecanismo de control que busca crear las condiciones fundamentales para que la sociedad no “salga de la norma”; por lo cual, se pretende regular la conducta, pero sin represión o control. Todo ello representa para Foucault un “nuevo arte de gobernar” que procura garantizar la seguridad del Estado. Ya, en el siglo XVIII, “emergen” sobre las bases de un estado moderno los economistas quienes se mostraron en contra de la “razón del Estado” e imponen paulatinamente la “razón económica” como una nueva forma de control que también pretendía mantener la integridad estatal, fijando una nueva gubernamentalidad que rige hasta nuestros días y, desde allí, un nuevo paradigma de hombre: el Homo económicus.

Foucault, ahora en Nacimiento de la biopolítica, describe mejor este paradigma de hombre moderno que persigue su propio interés calculando el costo–beneficios de sus actos y, por tanto, maximizando su productividad, cual máquina con vida útil y retorno (salario) parecido al del capital físico. Lo presenta como un empresario de sí mismo que busca invertir en su vida (o empresa). Con ello, la educación pierde su objetivo de “aprendizaje” y se convierte en un instrumento que permite mejorar el flujo de ingresos futuros de la “empresa” (o individuo). En este contexto, el neoliberalismo toma relevancia como proyecto de clase y busca posicionarse al imponer una determinada lógica, incluso en instituciones fuera del mercado. De esa manera, la democracia, la educación, la sociedad civil y la acción del Estado, en aras de la eficiencia, son capaces de someterse a la racionalidad del Homo económicus.

Por otro lado, en El pueblo sin atributos: la secreta revolución del neoliberalismo, Wendy Browndefiende que la imagen del Homo políticus, aquel sujeto que “se gobierna a sí mismo a través de la autonomía moral y que gobierna con otros a través de la soberanía popular” (Brown,2016: p.103), deja de convivir con la del Homo económicus, siendo este último el que habría sometido todas las esferas de la vida social del primero. Este fenómeno representó, hacia finales del siglo pasado, el fin de toda forma de autodeterminación política colectiva. Desde allí, el texto reconoce como rasgo determinante para la consolidación de la racionalidad gubernamental neoliberal a la “economización” de prácticas y espacios sociales no necesariamente monetizables, dando lugar a que las personas se conviertan en unidades de capital empresarial y de autoinversión, mediante lo cual pretenden ser más empleables.

Queda en evidencia cómo es que la racionalidad neoliberal reemplaza al intercambio por la competencia como principio que delimita el mercado. Tras ello, aparentemente, todas las actividades que realizamos se justifican desde la necesidad de posicionarnos mejor en los espacios sociales y públicos, dejando de lado la iniciativa propia desinteresada.

En el año 2010, se publicó el libro de la reconocida administradora, columnista y “gurú del empleo” Inés Temple: Usted S.A. Este libro, que más tarde se convierte en “best seller”[2], se presenta como una suerte de “mecanismo de autoayuda” para las personas que quieren ser más “empleables”. No se pretende analizar la validez del libro; sobre todo, tratándose de un libro tan demandado y con tanta difusión. Es decir, eso ya no es tan relevante: el lector ha tomado su "propia decisión”. Sin embargo, es importante inferir de este que la noción de empleabilidad ha logrado asentarse socialmente casi en su totalidad.

Revisando el libro en mención, se entiende que el discurso ha logrado calar en los lectores tras convencerlos de que el nombre de cada uno de ellos es una marca que deben cuidar y que el tan solo hecho de trabajar para terceros, vendiendo sus servicios, también los hace empresarios. En la misma línea discursiva, se defiende la necesidad de ser colaborador, proactivo y servicial, pues se asevera que el ofrecer más de lo que es exigido garantizará mayor competitividad y empleabilidad. Finalmente, Temple (2010) señala que capacitarnos y estar actualizado es urgente si buscamos concretar nuestro nivel de empleabilidad, pues no nos pagan por ir a trabajar, sino por agregar valor.

En conclusión, el modelo de vida laboral, en aras de la “eficiencia maximizadora”, ha cambiado como resultado de la consolidación de la modernidad y sus formas de control. Con ello, se impone la responsabilidad de “trabajar en la individualidad”, adquiriendo una serie actitudes y aptitudes desde las cuales se pretenden unificar el accionar de todos. Sin embargo, esta responsabilidad es asimilada y reconocida sin tensión o rechazo porque surge la necesidad de conservar el trabajo (principal forma de sustento familiar) y porque la noción de empleabilidad se ha construido y normalizado a lo largo del tiempo. Tras lo dicho, el deseo de cada individuo por mejorar su empleabilidad es la pretensión de estos por “venderse” como mejores trabajadores para lograr la estabilidad laboral que requieren, convirtiéndose así en simples mercancías.

Bibliografía

Brown, W. (2016). El pueblo sin atributos: la secreta revolución del neoliberalismo. Barcelona, España: Malpaso.

Foucault, M. (2006). Seguridad, Territorio y Población. Ciudad de México, México: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2007). El nacimiento de la biopolítica. Ciudad de México, México: Fondo de Cultura Económica.

Grupo La República. (2019, 17 septiembre). OIT: Desempleo en Latinoamérica alcanza su nivel más alto en diez años. Recuperado 9 octubre, 2019, de https://larepublica.pe/economia/2019/09/18/oit-desempleo-en-latinoamerica-alcanza-su-nivel-mas-alto-en-diez-anos/  

Temple, I. (2010). Usted S.A: Empleabilidad y Marketing personal. Lima, Perú: Grupo Editoral Norma.

 

 


[1] Curso que Michael Foucault dictó en el College de France en 1978

[2] A la fecha, existen 17 ediciones y más de 120,000 ejemplares vendidos de este libro en todo el mundo.

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