Sábado, 04 Abril 2020

La expansión del COVID-19 ha puesto en alerta a los sistemas de salud y sanidad en todo el mundo. Este virus, que se originó en China, ha ido agravándose desde el brote en Italia, país en el que el número de contagios creció exponencialmente en tan solo días, al igual que el número de fallecidos por causa de este mal. Si bien este problema está siendo el actual protagonista en las agendas de gobierno de todas las naciones, no dejemos de lado otros inconvenientes que también merecen atención. Con esto se hace referencia a la “sorpresa” con la que se comenzó la particular nueva década del 2020, la –aún más– evidente crisis climática.

Haciendo memoria, la crisis climática tuvo como epicentro a Australia, país que, en apenas unas semanas del mes de enero, pasó de sufrir incendios forestales masivos a experimentar grandes inundaciones, granizo extremo y tormentas de arena. A partir de esta preocupación, una de las primeras preguntas que surgió fue si la economía australiana iba a poder resistir este gran golpe de la naturaleza. Paralelamente, esta interrogante abre un debate más profundo sobre el factor “medio ambiente” y la relevancia del papel que este posee en la economía mundial, ya que, dada la magnitud de los hechos en el país oceánico, podría decirse que se está viviendo el comienzo de un nuevo tipo de crisis que ponga en cuestión a las prácticas económicas del neoliberalismo. Por lo tanto, tomar como caso de estudio lo que ocurrió en Australia da la oportunidad para evaluar la correlación de estos factores en un futuro inminente, en un futuro en el cual se tendrá que ver, necesariamente, a la economía y la sostenibilidad de manera horizontal. 

Entonces, para poner todo en contexto, resulta importante resaltar que, con solo esperar un escenario económico adverso para Australia, la situación viene a ser realmente alarmante. Esto se debe a que una de las características más importantes de este país, en los últimos años, es el haber sostenido una economía sólida por bastante tiempo1; por lo que verlo en una situación de vulnerabilidad económica, luego de aquella trayectoria, inevitablemente causa inquietud en la sociedad.

Créditos: Diario La Razón (2019)

Fuente: Diario La Razón (2019)

En ese sentido, ¿cuál sería el posible escenario? En la entrevista que le hizo el diario La Nación al economista Leandro Ziccarelli, se señala que, a pesar de la fortaleza del sistema institucional australiano, se tiene como expectativa que la economía del país oceánico vaya a ser la más baja de los últimos diez años. En cifras, para el 2019 se cuantificó que el crecimiento económico fue de 1.4%, mientras que, para el presente año, las proyecciones habían disminuido en 2.25%, según la Oficina Australiana de Estadística (2020), debido a que estos desastres naturales estuvieron afectando directamente al sector agrícola y al sector turismo; esto sin haber tomado en cuenta la seriedad de la pandemia que estaba aproximándose. Sin embargo, a pesar de que los efectos negativos que estaban sufriendo aquellos sectores no hayan sido suficientes para romper por completo la matriz productiva australiana, se espera que el impacto sea verdaderamente fuerte a futuro (Ziccarelli, 2020), hecho que empeoraría lo que parece ser la inevitable venida del “fantasma de la recesión”.

Irónicamente, lo que en realidad pueda romper esta matriz es continuar operando con el mismo modelo económico que ha hecho de Australia una de las mayores economías del mundo, el cual está basado en la exportación de materias primas, como el hierro, y combustibles sólidos, como el carbón. Para notar aquella importancia, el Observatorio de Complejidad Económica (OEC, por sus siglas en inglés) tiene registrado que, para el 2017, el sector minero ocupaba más del 50% de sus exportaciones, dentro de las cuales, el carbón poseía casi el 20%, cifras que se han elevado a 57% y 25.8%, respectivamente, en 2019; hecho que convierte a Australia en el mayor exportador de carbón metalúrgico, y el segundo mayor exportador de carbón térmico (Philalay, 2019). 

Por lo tanto, el motivo por el cual sea osado seguir con este tipo de economía gira entorno a las políticas medioambientales que se han estado acordando a nivel internacional, ya que, aparte de hacer que este país, claramente, tenga uno de los papeles más relevantes en la aplicación de estas reformas, también lo convierten en uno de los países más vulnerables a largo plazo, dado el peso que tiene la industria minera en su PBI. No obstante, este cambio institucional, propuesto por la ONU y mediante las diferentes versiones de la Conferencia de las Partes (COP) o de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), es fundamental e inminente, a pesar de los riesgos que implica cambiar el sistema. Esto se debe a que, al fin y al cabo, los daños provocados en ambas partes, medio ambiente y economía, provienen de un problema más estructural, que es el de considerar a la primera como una variable exógena dentro de las “funciones de producción”, y no ver este factor como una cuestión más endógena. En una entrevista al profesor José Carlos Silva de la Pontificia Universidad Católica del Perú, inclusive se sugiere que se cambie el “sentido de la ecuación” poniendo a la economía dentro de lo que él llama “Biósfera”, siendo esta un “todo” y la economía solo un subconjunto a evaluar (A. Zárate y E. Vigo, comunicación personal, 5 de abril del 2019). Esto implicaría desechar esa creencia que nos dice que el crecimiento económico es el objetivo principal y que la búsqueda de este, a toda costa, es el camino más eficiente para solucionar los problemas de la sociedad, y, a cambio, construir un nuevo pensamiento interdisciplinario que logre entender completamente el problema ambiental, permitiendo la evaluación de factores que se escapan del análisis económico.

De esta manera, quizás la pregunta realizada al inicio del artículo no está siendo formulada de la mejor forma, ya que los estragos que estuvieron agravando la perenne crisis climática son esencialmente causados por países que poseen un modelo económico intensivo en materias primas y combustibles, tal como Australia. Para mediados de enero, se cuantificó que los incendios forestales, que para ese entonces arrasaban Nueva Gales del Sur y Victoria, ya habían sobrepasado los 400 millones de toneladas métricas de dióxido de carbono, cantidad que, así como la de los incendios, tampoco es novedad2. Lo verdaderamente novedoso es la ubicación y la extensión temporal de las quemas más recientes (Temple, 2020). Sin embargo, esto no debería ser tan sorprendente como parece, porque, justamente, estas nuevas zonas afectadas son las mismas zonas desde las que se extrae y trabaja el “tan importante” carbón.

Fuente: Departamento de la Industria, Innovación y Ciencia del Gobierno de Australia (2019)

Lo que sucedió en Australia no solo es una advertencia para lo que nos tocará vivir si es que no se cumplen las políticas medioambientales que se han estado proponiendo en los últimos años, sino también es una señal alarmante de lo mucho que el neoliberalismo, basado en la búsqueda crecimiento económico a costa de la preservación del medio ambiente y distintos ámbitos de la sociedad, está afectando el bienestar. La incompatibilidad que tienen las soluciones a los problemas ambientales con los sistemas económicos de las economías avanzadas es algo que no puede ser más ignorado; nótese que esto también aplica al contexto que tenemos actualmente si se cambia el factor ambiente por sistema de salud, en conjunto con la situación del trabajo formal e informal, de los países en desarrollo. 

En suma, es claro que, para estos tiempos, se necesita pensar más allá de la variación positiva del PBI y del resto de indicadores económicos, se necesita reflexionar sobre lo que realmente afectará el “vivir bien” en el largo plazo, pero con una mirada interdisciplinaria que incluya el trabajo de todo tipo de científicos, tanto sociales como naturales, y teniendo en cuenta los límites que nos pone la sostenibilidad, porque ya no podemos suponer que estos desastres naturales pasan exógenamente y afectan ámbitos aislados, sino que ahora todo es realmente endógeno. De esta manera, seríamos capaces de superar las dificultades que los nuevos años 20’s nos están dando, y consecuentemente, de no permitir que la historia se repita: terminar la década como hace un siglo, o peor.

 

 

 

Referencias Bibliográficas

Aguirre, G. (2019). Inacción australiana ante el cambio climático. La Razón. Disponible en: https://www.larazon.es/internacional/20191230/5qv4e2nyfbbiveoeyd6hteqtjm.html

D’Arrisso, J. (2020, 19 de enero). Entrevista con Leandro Ziccarelli – Parte 2. Disponible en: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/australia-el-cambio-climatico-y-el-fuego-desafian-a-un-pais-habituado-al-bienestarinfo-149-x-340-mm-nid2325308

Fondo Monetario Internacional (2019). GDP per capita, current prices. Disponible en: https://www.imf.org/external/datamapper/NGDPDPC@WEO/OEMDC/ADVEC/AUS

Observatorio de Complejidad Económica. (2017). Exportaciones, Importaciones y el Comercio en Australia. Disponible en: https://oec.world/en/profile/country/aus/

Oficina de Meteorología del Gobierno de Australia. (2018). State of the Climate 2018. Disponible en: http://www.bom.gov.au/state-of-the-climate/State-of-the-Climate-2018.pdf

Philalay, M. et al. (2019). Resources and Energy Quarter: Junio 2019. Realizado para el Departamento de la Industria, Innovación y Ciencia del Gobierno de Australia. Disponible en: https://publications.industry.gov.au/publications/resourcesandenergyquarterlyjune2019/documents/Resources-and-Energy-Quarterly-June-2019.pdf

Temple, J. (2020). La gravedad del incendio de Australia en cifras. MIT Technology Review. Disponible en: https://www.technologyreview.es/s/11781/la-gravedad-del-incendio-de-australia-en-cifras

Yanguas, P., Hare, B., Fuentes, U., y Roming, N. (2019). Evaluating the significance of Australia’s global fossil fuel carbón footprint. Reporte preparado por Climate Analytics para la Fundación de la Conservación Australiana. Disponible en: https://climateanalytics.org/media/australia_carbon_footprint_report_july2019.pdf

 

 

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En 2019, la economía de Australia cumplió 28 años sin haber experimentado una recesión, o presenciado algún indicio de una.

Estos desastres naturales son comunes en Australia y suelen ocurrir a finales del verano (marzo-abril). Sin embargo, han aparecido a mediados de la primavera. Ha habido veces en las que se ha registrado incluso 200 millones de toneladas más de CO2.

 

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