Viernes, 10 Julio 2020

Cuando se habla de una pandemia, es inevitable pensar primero en su expansión por las zonas urbanas y cómo se ha intentado detenerla, debido a la gran densidad poblacional que estas poseen. Sin embargo, esto no es razón para dejar de lado a las zonas más pobres y vulnerables del país, es decir, las zonas rurales. En ese sentido, la pregunta es: ¿cómo atenderlas? Aquí, unas reflexiones.

Una de las imágenes más impactantes que ha surgido desde el “segundo martillazo” frente a la COVID-19 es aquella en la que se muestra a una gran multitud de peruanos tratando de retornar caminando a sus regiones de origen. Peruanos que, luego de percibir la falta de oportunidades laborales y la consecuente reducción de su capacidad adquisitiva, se han visto obligados a abandonar sus hogares en la capital para poder encontrar un lugar dónde sobrevivir durante el Estado de emergencia en el interior del país. Según Fabiola Muñoz, Ministra del Ambiente, hasta la semana pasada eran 6 mil personas que habrían viajado a sus localidades gracias a la coordinación entre el gobierno central y los gobiernos regionales, pero aún faltarían alrededor de 165 mil personas más.

Así como en Perú, este fenómeno ha estado repitiéndose por todo el mundo, miles de personas se han estado trasladando desde lugares con una alta concentración poblacional, es decir, áreas urbanas, hacia zonas con una menor densidad de personas, o en otras palabras, áreas rurales1; básicamente por las mismas razones: falta de ingresos y un lugar dónde pasar la cuarentena. Ante 

esto, las impresiones de las autoridades han sido diversas, en especial la de Peter Williams, quien es el Presidente del Instituto Internacional de la Reconstrucción Rural (IIRR por sus siglas en inglés), y que ha catalogado esto como un problema de alto riesgo y relevancia, ya que, a sabiendas de lo contagiosa que es la COVID-19, los gobiernos no han estado prestando la atención necesaria a aquellos desplazamientos, considerándolos como problemas menores, y sin tomar en cuenta que la situación podría tornarse más severa si el virus se propoga por localidades periféricas y rurales (Rascombe, 2020).

Entender la gravedad del asunto no es tan complejo. Por un lado, si la COVID-19 llega a propagarse más en regiones con alto porcentaje de ruralidad (más del 40%), es muy probable que la tasa de mortalidad suba considerablemente, debido a que también se trata de las regiones más pobres y vulnerables del país (véase la tabla 1); regiones en las que la calidad y cantidad de servicios médicos y de salubridad no llegan ni al nivel de las zonas urbanas. Así, se puede intuir que los resultados llegarían a ser más serios al ver que los problemas en las ciudades, desde ya, son casi incontrolables. Por otro lado, es verdad que la densidad poblacional en las zonas rurales es menor, por lo que la probabilidad de contagio es más baja. Sin embargo, eso no significa que no debería relajar el accionar, ya que, se trata de una población a la que la información no llega simétricamente por la falta de medios básicos de comunicación, haciendo que las medidas de prevención no estén tan bien esparcidas.

Tabla 1: Porcentaje de población rural, Población con al menos una necesidad básica insatisfecha y PBI per cápita por región (2017)

Fuente: INEI. Elaboración propia
 

En ese sentido, ¿por qué la situación en lo rural estaría teniendo poca atención? Suceden dos cosas. Primero, entender y tratar una pandemia viéndola más allá que desde las grandes ciudades, puede resultar complicado y hasta secundario, debido a que la gran mayoría de casos positivos y fallecimientos se dan dentro de estos estratos geográficos. Consiguientemente, la mayor parte de políticas diseñadas por el gobierno nacional están siendo enfocadas en responder a las demandas sociales y económicas de las personas que viven dentro de estas zonas urbanas. Hasta la fecha, uno de los esfuerzos focalizados a la población rural -por no decir el único- se encuentra la creación del “Bono Rural”2, el cual fue lanzado hace aproximadamente tres semanas. Este bono consiste en la transferencia monetaria de 760 soles a los hogares en condición de pobreza y pobreza extrema, localizados exclusivamente en zonas rurales, y que no hayan sido beneficiados por las medidas dictadas en los Decretos de Urgencia N°027-20202 y N°033-2020, como el Bono de Emergencia (Bono380) y el permiso de retiros de la CTS.

Segundo, existe una recurrente visión homogénea de la ruralidad, sin considerar las distintas necesidades y características dentro de los diferentes colectivos que la componen, lo cual podría hacer que los intentos para mejorar la situación de esta población sean menos efectivos. Por ejemplo, uno de los grupos que estaría beneficiándose directamente del Bono Rural son las familias pertenecientes a comunidades campesinas que cumplan con los requisitos del bono, debido a que esta transferencia estaría compensando sus pérdidas económicas dada la ralentización de las cadenas de producción agrícola, por causa de los cierres de los mercados mayoristas en las ciudades. Asimismo, gracias al mapa 1, se puede ver la localización y concentración de las comunidades campesinas, lo cual muestra que, dada su cercanía a las grandes ciudades (Lima, Arequipa, Piura, Cusco, etc.), es más probable que las personas de estos grupos puedan encontrar una agencia del Banco de la Nación para cobrar el Bono Rural. No obstante, ¿la medida sería igual de efectiva en otros grupos como los pueblos indígenas que no participan de la agricultura familiar y se encuentran en zonas más alejadas? Quizás no. Es por esto que también se tiene que tomar en cuenta que la ruralidad no puede ser considerada como una estructura, sino que debe ser tratada como una dinámica, como un proceso; la ruralidad ha estado en constante cambio desde hace ya medio siglo, lo cual hace que su definición y comprensión sean más desafiantes (Canales, 2005).

Mapa 1: Comunidades Campesinas

Fuente: MINAGRI. Elaboración propia.

Entonces, ¿cómo tratar la pandemia en lo rural? Una respuesta es desagregando y geo-localizando. Es innegable que, en general, la política de “supresión”3 ha dado frutos y que la tasa de duplicación del número de muertes por día ha estado decreciendo con el paso del tiempo. No obstante, eso no significa que en el caso desagregado también sea así, es decir, que el resultado haya sido el mismo tanto entre regiones como entre zonas urbanas y rurales. Para esto, el ingeniero geoespacial, Ragi Burhum ha realizado un increíble aporte. Burhum ha conseguido desagregar el famoso índice R, es decir, el número de reproducción4 de la COVID-19, a nivel regional (véase el gráfico 1). Esto le permitirá no solo al gobierno nacional, sino sobre todo a los gobiernos regionales, a tomar medidas mucho más específicas, y así, tomándose en consideración la tasa de ruralidad por región, se podrá saber mejor cómo combatir la pandemia con una mejor exactitud.

Gráfico 1: Reproducción de la COVID-19 (R) Localizado (por regiones) desde inicios de la cuarentena hasta el 3 de mayo.

Fuente: El Martillazo y el Huayno - Burhum, R. (2020).

Con esta información, las sugerencias de acción a favor de la población rural, mencionadas por Carolina Trivelli y Silvana Vargas, serían mucho más factibles. En primer lugar, respecto al área de salud, se estaría cubriendo la falta de datos del avance de la COVID-19 en las zonas rurales, ya que, viendo el gráfico 1 y la tabla 1, se podría identificar qué regiones que poseen un mayor índice de ruralidad están siendo más afectadas por la pandemia, abriendo una puerta más grande a la acción para realizar la provisión de recursos médicos, de aseo, pruebas de detección, seguimiento, y entre otras necesidades.

En segundo lugar, se tendría la tarea de proteger y promover la producción agraria, de la cual un gran porcentaje de la población rural vive, es decir, las comunidades campesinas. Como fue mencionado líneas arriba, el Bono Rural ha estado ayudando mucho para mejorar la situación de la agricultura familiar. No obstante, teniendo a la mano información mucho más localizada, podrán realizarse políticas diferenciadas, tanto por producto y cadena de valor, tomando siempre en cuenta cómo está avanzando la enfermedad por la región; ya que sería contraproducente incentivar la producción y transporte de bienes agrícolas originarios de regiones con un R alto: la ratio de contagio subiría aún más.

En tercer lugar, se encuentra el ámbito educacional-comunicacional, el cual, en mi opinión, es el factor más relevante cuando no se tiene la infraestructura necesaria. A pesar de la existente brecha de acceso a las telecomunicaciones entre lo urbano y rural, la “informatividad” no debe ser exclusiva de las zonas urbanas, ya que existen maneras de hacer saber a la población rural lo peligrosa que es la COVID-19 y lo importante que es la cuarentena para detener su diseminación. Por ejemplo, en un estudio realizado por Peter Williams durante la crisis del Ébola en Liberia, se vio que la población rural empezó a entender qué tan grave era la enfermedad y hasta qué punto podía afectar sus vidas, gracias a la utilización de modelos educativos-comunicativos diseñados en el IIRR. Estos modelos consistieron en el reclutamiento de líderes de comunidades, figuras religiosas e incluso curanderos, quienes ayudaron en la expansión de la información sobre el aseo y la prevención frente al Ébola, sin el uso de un lenguaje técnico (Rascombe, 2020). Esto iría de la mano con el componente comunicacional que Silvana Vargas menciona: “proporcionar de información al ámbito rural de una manera sencilla y culturalmente pertinente, con el fin de tranquilizar y orientar a la población” (13 de abril de 2020). No obstante, aquellos métodos no son excusa para olvidar que existe aquella gran brecha de acceso a medios digitales. Hasta finales del año pasado, solo el 4.8% de la población rural tenía acceso a internet, mientras que solo el 5.9% tenía al menos una computadora (INEI, 2019). Así como en este ámbito, el Estado de Emergencia y la pandemia han hecho aún más notables otras necesidades y brechas presentes las zonas rurales de todo el país; si no se actúa de manera pertinente, se podrían perder los avances que hemos obtenido enfrentando a la pobreza y desigualdad.

Tomando todo en consideración, se ha visto cuán importante es tratar al coronavirus viéndolo más allá de las grandes ciudades. Si bien es difícil segregar esfuerzos debido a que la mayor parte de la preocupación se encuentra dentro de espacios urbanos, no se tiene que dejar pasar por alto los riesgos que existirían si se llega a tener un R mucho mayor a 1 en las zonas rurales. Para esto, una de las maneras que se discutió en párrafos anteriores es tratando la pandemia de forma desagregada, es decir, subnacionalmente. Aquello daría información para saber cómo crear políticas que beneficien a poblaciones rurales según cómo avanza la pandemia en estos territorios específicos y pensando en sus características y necesidades particulares. En ese sentido, aquí entraría el importante papel que los Gobiernos Regionales y Locales tienen que cumplir, poniendo a prueba toda su capacidad estatal para plantear soluciones e invertir eficientemente en la recopilación de datos y provisión de servicios básicos de salud, agua, equipos de higiene y alimento dentro sus jurisdicciones. Quizás en las regiones con un porcentaje de ruralidad más alto el desafío termine siendo mayor, pero sabemos que estas deficiencias no han surgido por causa de la pandemia, son problemas mucho más profundos y que a lo largo de la historia han recibido poca atención. Se debe procurar que las circunstancias no creen medidas oportunistas, porque estas necesidades precisan ser satisfechas incluso fuera de una crisis. Así, el día que veamos a la población rural más allá su papel en la provisión de productos agrícolas para el consumo de las zonas urbanas, el día cuando se decida apoyarlos en lugar de tratarlos como delincuentes cuando se enfrenten a las grandes empresas mineras por el hecho de hacer respetar sus tierras, ese día se habrá dado un gran paso.

 

Referencias Bibliográficas

Barboza, C. (2020). Sala Situacional COVID-19 Perú. Microsoft Power BI. Recuperado de: https://app.powerbi.com/view?r=eyJrIjoiODY0OTY1ZjktNWMyOC00NWQ2LThlZWYtYWEwMDExZTAwNDc4IiwidCI6IjEwZWM3OTJjLTU4NzctNGU1ZS05OGE5LTFiMWQ3YTNjM2RlYiIsImMiOjR9

Burhum, R. (3 de mayo de 2020). El Martillazo y el Huayno: COVID-19 en el Perú – Las métricas más importantes pre y post cuarentena. Medium. Recuperado de: https://medium.com/@rburhum/el-martillazo-y-el-huayno-278716f49938

Canales, M. (2005). La nueva ruralidad en Chile: apuntes sobre subjetividad y territorios vividos. En: SEMINARIO ABIERTO: Chile Rural. Un desafío para el desarrollo humano: 1 de diciembre de 2005. Santiago, Universidad de Chile, Casa Central y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. pp. 33 – 39.

Clausen, J. (19 de abril de 2020). Covid-19 y pobreza multidimensional en el Perú [Mensaje en un blog]. IDHAL. Recuperado de: http://blog.pucp.edu.pe/blog/idhal/2020/04/19/covid-19-y-pobreza-multidimensional-en-el-peru/

COPROFAM. (18 de marzo de 2020). Advierten sobre los riesgos del coronavirus en la población rural del país. Recuperado de: http://coprofam.org/2020/03/18/advierten-sobre-los-riesgos-del-coronavirus-en-la-poblacion-rural-del-pais/

Defensoría del Pueblo. (1 de abril de 2020). Defensoría del Pueblo: debe garantizarse derecho a la educación durante estado de emergencia. Recuperado de: https://www.defensoria.gob.pe/debe-garantizarse-derecho-a-la-educacion-durante-estado-de-emergencia/

García, O. (13 de abril de 2020). Entrevista a Silvana Vagas – “Esta crisis nos está confrontando con las desigualdades que persisten en nuestro país”. PuntoEdu. Recuperado de: https://puntoedu.pucp.edu.pe/entrevistas/esta-crisis-nos-esta-confrontando-con-las-desigualdades/

INEI. (2019). Estadísticas de las Tecnologías de Información y Comunicación en los Hogares (N°4 – diciembre de 2019). Recuperado de https://www.inei.gob.pe/media/MenuRecursivo/boletines/ticdiciembre.pdf

Rascombe, P. (2020). Rural areas at risk during COVID-19 pandemic. The Lancet Infactious Diseases. Recuperado de: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7164870/

Santos, G., Carrillo, J., Cárdenas, C., Rivas, A., Chacón, K. y Atamaín, Y. (31 de marzo de 2020). Pueblos indígenas: “Sentimos que el Estado nos abandonó. No sabemos qué más hacer”. Ojo Público. Recuperado de: https://ojo-publico.com/1720/indigenas-y-coronavirus-sentimos-que-el-estado-nos-abandono

Trivelli, C. (13 de abril de 2020). Atender la emergencia en lo rural. IEP. Recuperado de: https://iep.org.pe/noticias/columna-atender-la-emergencia-en-lo-rural-por-carolina-trivelli/

Uco, C. (7 de abril de 2020). As Peru escalates militarization, COVID-19 spreads to remote rural areas. Recuperado de: https://www.wsws.org/en/articles/2020/04/07/peru-a07.html

 



1 Por un lado, un área urbana es el territorio ocupado por centros poblados urbanos, es decir, zonas en las que habitan 2 mil o más personas (ciudades, conjuntos habitacionales y pueblos jóvenes). Por otro lado, un área rural es el territorio compuesto por centros poblados rurales, lo cuales se dividen en dos tipos: (i) zonas de 500 a menos de 2 mil habitantes con viviendas generalmente agrupadas en forma contigua formando manzanas y calles; y (ii) aldeas, campamentos, unidades agropecuarias, etc. con menos de 500 habitantes, conformadas por viviendas dispersas. Estos dos tipos pueden ser categorizados como pueblos, anexos, caseríos o comunidades. (INEI, 2015)

Decreto de Urgencia N°042-2020

3 Según Burhum (3 de mayo de 2020), existían 3 opciones para enfrentar a la COVID-19: (i) no hacer nada, (ii) mitigar, y (iii) la “supresión”, es decir, los “martillazos”.

4 El índice R indica, en promedio, cuántas personas van a ser contagiadas por 1 persona infectada antes de que se recupere o muera. Si el R es mayor a 1, la situación es una epidemia, ya que una persona puede contagiar a más de 1 persona. Si es igual a 1, se trataría de una endemia, y una persona estaría contagiando, en promedio a 1 persona. Por último, si es menor a 1, la situación estaría controlada y significa que una persona infectada, en promedio, puede que no contagie a nadie (Burhum, 3 de mayo de 2020).

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