Domingo, 17 Diciembre 2017

 

El Equipo de Dirección Web, por medio de Mauricio Yzusqui, presenta el libro “Estabilización y crecimiento en Perú”, editado por Jeffrey Sachs y Carlos Paredes. El libro fue publicado en el Perú en 1991 y contó con la colaboración de distintos académicos tales como: Javier Hamann, Miguel Palomino, Javier Abugattás, Luis Alberto Arias, Felipe Larraín y Renzo Rossini. 

En los siguientes párrafos trataremos el primer capítulo, realizado por Javier Hamann y Carlos Paredes. Espero sea de su agrado y motive a la posterior lectura de este interesante libro.

 

Capítulo 1. Características estructurales, estrategias de crecimiento y tendencias de largo plazo de la Economía Peruana (Javier Hamann y Carlos Paredes)

 

“Estabilización y crecimiento en Perú” fue publicado en el año 1991. La gravedad de aquella situación en la que se encontraba el Perú, hacía el impostergable enfrentar a una crisis por medio de una reforma global, que incorpore un programa de estabilización enmarcado en una nueva estrategia de crecimiento, era necesaria. Evidentemente, la comprensión de las particularidades de la economía peruana debió ser crucial en el diseño de esta nueva política.

El Perú es un país de abundantes recursos naturales y humanos. Sin embargo, hacia 1991, éstos no habían sido aprovechados de manera racional y eficiente; muchos habían sido depredados y sobreexplotados. Sumado a ello, la infraestructura productiva del país era evidentemente insuficiente para sustentar un proceso de crecimiento equilibrado y satisfacer las necesidades básicas de una población que iba creciendo a ritmo acelerado.

El Perú pertenece a un grupo de países de ingreso medio-bajo, con una economía pequeña, dependiente de insumos y tecnología extranjeros, y vulnerable a las fluctuaciones en los mercados internacionales de materias primas. El Producto Bruto Interno (PBI) estaba muy concentrado geográficamente: en Lima y Callao, donde se generaban casi la mitad de la producción nacional. En términos sectoriales, el sector más significativo era el de servicios (comercio, transporte y establecimientos financieros), que comprendía aproximadamente el 50% del PBI y empleaba un 46% de la PEA. Le seguía el sector manufacturero con un 23% del PBI, el sector agrícola con 11% (empleando a 37% de la PEA), el sector minero con 10% y el sector pesquero con un 1%. Sin embargo, estos dos últimos sectores generaban más del 50% del valor de las exportaciones.

Institucionalmente, la economía se caracterizaba por una gran injerencia del Estado en la producción y en el proceso de asignación de recursos. El Estado peruano producía una parte importante del PBI a través de las empresas públicas, regulaba el comercio, la distribución de los productos agrícolas y efectuaba la mayor parte de las exportaciones tradicionales. A esta participación productiva directa se sumó una serie de controles sobre los precios claves de la economía. Es decir, se encontraba muy marcado un mal intervencionismo estatal, el cual ocasionó que los mercados formales en el Perú -tanto el de bienes como el de factores- no funcionen en condiciones de plena competencia; en consecuencia, existían severas distorsiones de los precios relativos que imposibilitan la eficiente asignación de recursos, contribuyendo al desarrollo de un importante sector informal, que absorbió una gran fracción de la fuerza laboral y representaba una parte significativa de la producción y el comercio.

Las características hasta aquí mencionadas fueron el resultado, de las estrategias de crecimiento que se aplicaron en el Perú durante la segunda mitad del S. XX. Pueden señalarse tres etapas claramente demarcadas en materia de estrategias de crecimiento. La primera se extiende hasta 1962, periodo caracterizado por la aplicación del modelo de crecimiento primario-exportador. Durante estos años primó una política de promoción de las exportaciones tradicionales, en un contexto de conservadurismo fiscal y reducida intervención estatal en la economía. Durante esta etapa, el PBI y las exportaciones crecieron a una tasa anual de 5% y 10%, respectivamente. Sin embargo, este rápido crecimiento no estuvo acompañado por una adecuada redistribución del ingreso ni por una reducción en la vulnerabilidad de la economía frente a shocks externos.

Durante la segunda etapa, se aplicó la estrategia de industrialización mediante sustitución de importaciones (modelo ISI) y se buscó, además, solucionar los problemas de inestabilidad frente a shocks externos e inequidad. Iniciada durante el primer gobierno de Belaúnde (1963-1968), esta estrategia fue llevada a su extremo durante la primera fase del gobierno militar (1968-75), acentuando sustancialmente la presencia del Estado en la economía. Durante este periodo, el gasto público fue destinado en buena medida a subsidiar el consumo urbano o a grandes inversiones de dudosa rentabilidad, y los crecientes déficit presupuestales fueron financiados mayoritariamente con recursos externos. El resultado fue la generación de serias distorsiones en la economía y el incremento acelerado del endeudamiento externo del país. El crecimiento del PBI en este periodo, aunque alto, fue inferior al de la etapa anterior. Sin embargo, la tasa de crecimiento de las exportaciones se contrajo severamente, socavando así la sostenibilidad de la estrategia. Cuando el contexto externo se tornó desfavorable y la necesidad de reducir el gasto se hizo evidente, se optó por demorar el ajuste aumentando el endeudamiento externo. Por otro lado, pese al discurso gubernamental, la distribución del ingreso no mejoró sustancialmente.

En 1976 se inició la tercera etapa, un periodo de extremo desorden macroeconómico, caracterizado por la carencia de una estrategia de desarrollo y por una política económica volátil. Durante estos años, se observaron fuertes fluctuaciones macroeconómicas debido principalmente a los inconsistentes intentos de estabilización y reactivación aplicados.

Esta experiencia puso en evidencia la necesidad de una estrategia de desarrollo claramente definida que oriente la política económica de corto plazo de manera que los problemas económicos más apremiantes del país sean enfrentados de manera consistente a lo largo del tiempo. También mostró la importancia de que un programa de estabilización en el Perú combine adecuadamente políticas de reducción del gasto con las de reorientación de la producción hacia el sector transable de la economía.

Resultado de esta inestabilidad y de la falta de un modelo de crecimiento fueron las desalentadoras tendencias de largo plazo que el Perú exhibió hacia la década de 1990. La primera fue el estancamiento de la producción. El PBI per cápita de 1989 era similar al de 1961. El estancamiento económico del país es un fenómeno explicado fundamentalmente por factores de origen interno; entre ellos cabe señalar la inadecuada política económica aplicada durante los últimos quince años y la consecuente disminución en los niveles de ahorro e inversión, así como en la eficiencia de esta última. Otra tendencia fue el incremento en la inestabilidad de la política económica, en contraposición con la relativa estabilidad en las reglas de juego durante la mayor parte de las décadas de los cincuenta y sesenta. Ello se debió a la inexistencia de una estrategia de desarrollo; la falta de objetivos de mediano plazo y de reglas de política consistentes y estables hizo que prime el cortoplacismo, perjudicando a la inversión y el crecimiento.

La inestabilidad de las reglas del juego evidenció no solo la falta de una estrategia de crecimiento, sino también la existencia de un ciclo político en el diseño y la aplicación de la política macroeconómica. Los gobiernos populistas, -en particular, los de la década de los ochenta- empezaron con programas expansivos que favorecían su popularidad, produciendo una rápida pero efímera mejora en los principales indicadores macroeconómicos. Al hacerse evidente la inconsistencia de estos programas y la necesidad de un ajuste, este se postergó para no perder el apoyo popular. Cuando la gravedad del desequilibrio hizo inevitable el ajuste; es decir, cuando se agotaron las fuentes de financiamiento de la fase expansiva, este se había hecho más costoso que si se hubiera aplicado a tiempo.

Esto nos lleva a la cuarta tendencia de largo plazo: el pronunciamiento del ciclo económico. Las fases de expansión y contracción de la actividad económica entre los setenta y noventa han sido mucho más cortas y pronunciadas que durante las décadas de los cincuenta y sesenta. La postergación del ajuste implicó un mayor desequilibrio -y, consecuentemente, la necesidad de un ajuste posterior más severo-, porque introduce una mayor incertidumbre e inestabilidad, acentúa el ciclo económico y lleva a una menor tasa acumulada de crecimiento.

El análisis de la evolución económica del país durante las últimas décadas analizadas evidencia que incluso en los años en los que el país creció de manera sostenida, el crecimiento no fue suficiente para atender las necesidades básicas de un gran sector de la población. Aun cuando el objetivo redistributivo fuera explícito en los planes de todos los gobiernos, las políticas seguidas no contribuyeron a resolver los graves problemas de pobreza y marginación. Esto  refleja los escasos recursos que se destinaron a ser distribuidos, pero también es el resultado de la ineficiencia de las políticas redistributivas empleadas durante estos años, como el uso de subsidios generalizados, controles de precios y la introducción de rigideces en el mercado laboral.

La tradicional incapacidad para enfrentar el problema de la pobreza en el país, en particular el de la pobreza extrema, junto al estancamiento económico y el consecuente deterioro en la mayoría de los indicadores per cápita generaron una severa reducción en el bienestar de la población. A ello hay que sumar los problemas del terrorismo y la violencia cotidiana, que afectan negativamente la calidad de vida de la ciudadanía y las posibilidades de crecimiento y redistribución dentro de un sistema democrático.

Por ello, dicho análisis muestra la necesidad, ya hacia el año 1990, de retomar una senda de crecimiento sostenido con una política redistributiva eficiente. Es por esta razón que fue necesario adoptar una nueva estrategia de desarrollo y establecer un marco macroeconómico ordenado y estable, que permita incrementar el nivel de ahorro y la eficiencia de la inversión. Hoy, 26 años después surgen las interrogantes como ¿Qué tan adecuada es nuestra estrategia de desarrollo actual?, ¿Es adecuada la política redistributiva actual?, entre otras cuestiones que al terminar de leer este capítulo no evitarás analizar.

 

Bibliografía

Sachs, J., & Paredes, C. (1991). Estabilización y crecimiento en el Perú.GRADE, Lima.

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