Lunes, 11 Diciembre 2017

Entrevista a Stanislao Maldonado, Docente-asistente en el Departamento de Economía de la Universidad del Rosario. Maldonado es economista por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y tiene un doctorado en Agricultural and Resource Economics de la Universidad de California en Berkeley. Además, sostiene una maestría en el mismo rubro en la misma universidad y tiene una maestría en Economía en la Universidad de San Andrés de Buenos Aires, Argentina. Maldonado se ha desempeñado como Asociado Profesional Junior en el Banco Mundial, puesto que desempeñó investigando casos acerca de pobreza, desigualdad, desnutrición, pensiones y mercados laborales en varios países de América Latina, incluyendo Argentina, Bolivia, Brasil, México y Nicaragua. En Perú, fue investigador en el Centro de Desarrollo y la Participación (CEDEP) y consultor de la Special Commission of Disability Studies del Congreso del Perú. 

 

1. Hace unos días surgió el argumento de que, aunque la educación en las regiones (ya sea pública o privada) mejore sustancialmente, éstas no se desarrollarían porque seguiría habiendo una migración de talento hacia las ciudades más grandes porque hay un mayor mercado laboral. ¿Comparte esta opinión?

Naturalmente, cuando hay mejoras en educación, hay un componente aspiracional y es natural que, en ese contexto, la educación termine fomentando la migración en busca de mejores oportunidades laborales. Lo que uno debería hacer en ese contexto es crear incentivos que faciliten el retorno a las regiones de esta población. Ya hay cosas que se han probado como subsidios, incentivos temporales para la relocalización del migrante, mejoras en las condiciones laborales, los gobiernos regionales y locales pueden financiar parcialmente la capacitación de la gente y en compensación les piden trabajar en estas entidades para devolver la inversión realizada.

Estas políticas de retorno siempre son una tensión en países en desarrollo porque pierden capital humano, por lo que se tiene que ser imaginativo para diseñar y ejecutar estas políticas.

 

¿Qué opinión tiene con respecto al cabotaje como medio de comercialización y a la pesca como sector productivo?

Existe una tensión entre el objetivo de mejorar la productividad y la preservación del recurso. Ya había mucha presión en el gobierno anterior para la determinación de las temporadas de vedas y con los límites que se permitían para extracción del recurso – en términos de millas desde la costa. Creo que es un tema que ameritaría un método de ensayo y error; ir probando qué tipo de equilibrio podría funcionar mejor dada la institucionalidad que tenemos.

 

 ¿Impulsada por el Ministerio de la Producción?

Claro, debería ser una medida impulsada por el gobierno. Hay mucho espacio para innovar y habría que pensar en una combinación que permita garantizar la sostenibilidad del recurso y la mejora de la productividad.

 

Por último, ¿qué expectativas tiene para este gobierno con respecto al manejo de los recursos naturales y qué cree que se debería manejar en este rubro?

Creo que ha habido cierta mejora en el último gobierno en el tema de mejorar los estándares ambientales y mejorar el ‘enforcement’. Me preocupa que, en un contexto de crisis y con el objetivo de conseguir más recursos fiscales, se relajen alguno de estos parámetros. Tengo la sensación de que el gobierno va a estar dubitativo en esa dimensión, lo que significaría que no va a tener mucha iniciativa en ese aspecto. Sin embargo, tengo entendido que desde el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) habrá un esfuerzo por simplificar los procesos, lo cual me parece positivo siempre y cuando no se pasen por algunos de estos estándares.

 

 

 

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