Lunes, 11 Diciembre 2017

“Dependiendo del marco en que te encuentres podemos empezar a conversar que son buenas o mala instituciones. Pienso que no hay una receta institucional, sino que las instituciones son una creación continua de las sociedades, que, de forma imperfecta, se va aproximando a lo que una sociedad se imagina […]”

 

 Hasta la publicación de los trabajos del economista Douglas North, la importancia de las instituciones en la explicación del comportamiento de una economía había sido dejada de lado por las distintas corrientes imperantes en esta ciencia. Antes, solo se consideraba que una persona simplemente quería maximizar su propio bienestar; ahora, se estudia qué instituciones han ocasionado que alguien se comporte de esta manera. En el presente artículo, el Doctor Jose Carlos Orihuela, especialista en Economía Institucional, profundizará respecto a cómo es que, desde esta rama de la Economía, se lleva a cabo ese análisis.  

 

 

 

¿Cómo definiría a la Economía Institucional?

La economía institucional es una rama de la economía que promueve la idea de que las instituciones, es decir, las reglas de juego y las organizaciones, son importantes para la vida económica. ¿Por qué son importantes las reglas de juego y las organizaciones? Porque dan forma, influencian y condicionan la agencia humana. Las preferencias de los agentes económicos y no económicos, sus funciones objetivo y sus valores morales están condicionados por estas estructuras sociales más grandes que ellos. En general, esta perspectiva de que el agente es más que la racionalidad económica, que en forma más simple se puede ver en un modelo simple de competencia perfecta neoclásico.

En el conjunto de sus últimos trabajos de investigación, menciona conceptos como el legado, la contingencia y la agencia ¿Qué relación hay entre ellos y las ideas tratadas por esta rama de la Economía?

Son conceptos que tomo de distintas tradiciones de las ciencias sociales. No hago lo que es la nueva economía institucional, sino que mi enfoque se emparenta más con la vieja economía institucional y con enfoques de economía política y otros institucionalismos de las ciencias sociales. En distintas corrientes de las ciencias sociales, se sostiene que la historia importa. Existe el argumento historicista de que el pasado condiciona al futuro. En ese sentido, lo que haya sido tu pasado como sociedad va creando un ADN de comportamiento social para los individuos. Por ello, parte de nuestras decisiones tienen que ver con nuestro pasado y como este condiciona nuestro futuro, y las opciones que nos imaginamos: todo eso está condicionado por ese pasado. Entonces, la historia deja un legado que es tanto material como subjetivo y cultural.

Por otro lado, otro concepto para poder ver cómo la historia importa es con la contingencia.  El momento en que se toma una decisión económica o política está condicionado por otros eventos y procesos contingentes, por ejemplo: el hecho de que exista o no una crisis financiera, un cambio de régimen político, un desastre natural, o que todos los países crean que el estado de bienestar es o que el estado desarrollista es la norma, condiciona la agencia de los agentes. Es decir, los agentes se van a imaginar sus posibilidades de toma de decisiones en función a lo que contingentemente en la historia está ocurriendo, tanto eventos como procesos.

Tanto el legado como la contingencia condicionan la agencia, entonces la agencia no está propiamente determinada, sino que está condicionada por estas dos grandes estructuras o condicionantes históricos. No solamente el agente ve hacia atrás, lo que ha construido con el pasado y en el presente, sino que también ve hacia el futuro, se proyecta y también racionaliza, y se emociona. En un proceso en el que el concepto clave es la racionalidad limitada o sea no es el “forward looking” de los modelos macroeconómicos que alguna vez estuvieron de moda, en los que se asumen un agente ultra racional capaz de calcularlo todo y tomar las decisiones óptimas, sino que es un agente que tiene una racionalidad limitada y, además en un mundo de información imperfecta, un mundo caracterizado por la incertidumbre.

Si se quiere determinar si el comportamiento de las instituciones en la realidad es “bueno o malo”, ¿cuáles son las herramientas disponibles qué herramientas para llevar este análisis a cabo?

Esa es una pregunta compleja porque requiere de un marco analítico para entender que es bueno y que es malo, buenas o malas instituciones, pero ¿para qué? Para el crecimiento, eso es una pregunta importante pero no la única, otras dirán para el desarrollo económico, otros dirán para el desarrollo humano, otros dirán para la sostenibilidad ambiental, entonces son distintas funciones objetivo que dependen de nuestros valores. Dependiendo del marco en que te encuentres podemos empezar a conversar que son buenas o mala instituciones. Pienso que no hay una receta institucional, sino que las instituciones son una creación continua de las sociedades, que, de forma imperfecta, se va aproximando a lo que una sociedad se imagina como función objetivo, por ejemplo: en un momento de tu historia crees que el bienestar social es y va a crearte instituciones para eso, en otro momento crees que hay que desarrollar rápidamente o que el desarrollo es privatizarlo todo, liberalizarlo todo, o crees que hay que cuidar el medio ambiente y hacer algo de desarrollo humano. Cada marco normativo va generando instituciones, pero nunca las dirige a un solo camino, o sea no es que objetivo social e instituciones buenas tengan una correspondencia única. Pienso que hay distintos caminos institucionales para cada función objetivo, ya que el supuesto que está detrás de mi forma de pensar es que los sistemas son complejos y que los equilibrios son múltiples, por lo que abandono la noción de la economía neoclásica, en el cual los equilibrios son únicos y siempre eficientes, y paso a un mundo caracterizado por la complejidad, porque ese es el mundo donde vivimos, uno real.

Últimamente ha habido un problema social con respecto al lote 192, en donde los pobladores pidieron un proceso de consulta previa y el Ministerio de Cultura se los negó. Si partimos de los conceptos anteriores, ¿se podría afirmar esto como un problema institucional?  

Si lo que se cree es que salvo el crecimiento todo es ilusión, en realidad la propia existencia de comunidades nativas o la existencia de la consulta previa serian obstáculos para tu función objetivo, entonces que haya consulta previa sería una mala institución porque no permite que haya crecimiento. Pero si lo que se cree son nociones de desarrollo humano y de libertades entonces llegarás a otra conclusión, en la cual lo importante es la participación, la deliberación, y si las sociedades creen que no necesitan tal o cual recurso está en la decisión de las sociedades de tomarlo o no, entonces no es cierto que la economía sea apolítica ya que primero está la decisión política basada en nuestros valores normativos que tengamos, luego podemos pasar a imaginar soluciones técnicas pero el primer nivel es político.

Entonces una de las principales razones por las que hay tantos conflictos socioambientales es porque el Estado y las comunidades tienen diferentes nociones de lo que debería ser una buena institución o no…

Claro, la gran empresa extractiva y una comunidad tiene nociones distintas de lo que es bienestar y desarrollo, de repente son con estas palabras con la que los científicos sociales y la máquina de la globalización se aproximan. Por ello, la prensa y quienes opinan en los medios, en general todos estamos hablando de desarrollo y crecimiento económico, es como el discurso que manejamos. De repente, localmente, hay otros discursos; también pueden llegar personas “externas” a la comunidad y proveer de un discurso alternativo: antes podía ser la lucha de clases y ahora podría ser la reivindicación ambiental. Los actores locales pueden empezar a manejar estas nociones, pero en el fondo sigue siendo una lucha por la sobrevivencia de formas tradicionales porque hay distintas funciones objetivas. Esto está un poco en el teorema de la imposibilidad de Arrow, la idea de que el bienestar social es una abstracción. ¿Cómo sumas sistemas de creencias, como sumas funciones de utilidad distintas? no se puede sumar, pero en los libros de texto partimos de la abstracción de que si se puede y que luego todo es crecimiento y redistribución porque expandes, creces, luego redistribuyes, compensas y todos estamos mejor, tienes soluciones que son Pareto. No es necesariamente el caso, si en un mundo en el cual no todos tenemos el mismo sistema de preferencias, de utilidad.

Desde la Economía Institucional, ¿qué se podría proponer como solución para la resolución de conflictos como los anteriores?

Es difícil pensar en solución en un sentido universal. Yo creo que el dialogo. Ahora ¿Qué es solucionar el conflicto socioambiental? solucionar puede ser que la gente acepte que va a haber la actividad que quieres que ocurra, ¿eso es solución? O, por otro lado, de repente la gente no quiere desarrollo, entonces es difícil definir que es realmente una solución. De alguna forma, un buen conjunto de instituciones para el manejo o gestión de conflictos seria permitir que distintos puntos de vista puedan coexistir, puedan ser respetados y se puede llegar a algún mecanismo deliberativo de tomar decisiones sin que se pase por la violencia, y que de alguna forma los cambios que generan la acción estatal o la llegada de los mercados del comercio sea verdaderamente mejor para todos. La noción es que todos van a estar mejor pero no es necesariamente el caso, entonces requieres construir instituciones -creo yo- tanto para el dialogo como para la inclusión, eso evidentemente no tiene una receta, es un aprender haciendo. 

 

Biografia del autor:

José Carlos Orihuela es economista político, especializado en el estudio de las instituciones. Su investigación ha sido publicada en Journal of Institutional Economics, Forest Policy and Economics, World Development, Studies in Comparative International Development, JLAS y otras revistas. Fue Lecturer en New School y Profesor Visitante Cogut en Brown, donde también hizo un postdoc. PhD por Columbia, MPA/ID por Harvard y bachiller por la PUCP

Fuente referencial: Departamento de Economía PUCP (PERÚ), 2017.

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